miércoles, 20 de enero de 2016

Día 20: El error

Sé que piensan soy una persona lógica, comprensiva, llena de opiniones sin vergüenza ni ataduras. Quien suntuosa, encanto y altiva, te invita a ser testigos VIP del día a día, y sin planearlo, me convierto en un modelo aspiracional por mi ejemplo de entrega y coraje, pero ¡aquí hay una errata! De hecho tengo un Doctorado Honoris Causa en equivocarme. Porque la vida no se trata de ser “buena persona” para merecer el amor, la vida se trata de disfrutarla mientras aceptas y amas tus errores. Aceptar un error no es pagar una renta vitalicia mientras intentas saldar deudas, ni cual carnicería, destazarte para darle asilo a la surte, tu suerte.


La corona de todos nuestros males es el vicio de pretender ser perfectos y ofrecer resistencia al error como camino y escuela, cuando el miedo respira a sus anchas hasta cual adherencia natural, hacernos equivocar: una, otra, otra y otra vez. Así los márgenes de error, las suposiciones y el miedo a las reacciones son el escenario del terror, donde dialogas con frases gastadas y reproches estandarizados para clasificar(te) y poner un nombre: ¡Mierda!

El error es pensar que puedes ir ligero de angustia por no intentarlo. El error es ser una vida desperdiciada por el maldito capricho de no salir del cascaron, por comodidad o peor aún, por costumbre. El error es dejar caer la voluntad con la memoria saturada para reducir la tentación de la (tu) segunda oportunidad. El error es un ajuar pesado porque significa no conformarte con el engaño de las apariencias ni las lamentaciones egoístas.
El error no es tan malo, además hay una gran diferencia entre la anécdota, el simulacro y varios etcéteras. Subrayar un libro permite algunas glosas y no siempre se puede salir victoriosa. Las emprendedoras nos equivocamos muchas veces, yo sigo sintiendo miedo frente a un micrófono, en el teléfono cuando pido una cita o al mandar una cotización, pero no me voy a detener y todos tenemos una primera vez para todo. 

Como nota morbosa diré que escribí mi primer novela y se llama ¡Aquí hay una errata! Un trabajo depurado por 10 años, que algunas veces mandé a una editorial sin ningún resultado. Y por miedo vive en mi computadora, no me culpen tiene su encanto el anonimato; además mi ego no siempre aguanta tanto fregadazo. Quizás un día, antes de morir, pueda agregar escritora a mi biografía, no lo sé.
Sigamos trabajando…
Sean felices

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P.D. Te doy permiso de observarme 366 días en mi camino por ser emprendedora. Va la canción del post. ¡¡Los amo!!
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