domingo, 13 de febrero de 2011

Amor



El amor urbano, rural, plural o singular, profana, circunda y ahoga en un abismo negro y profundo sin poder digerirlo con serenidad, pues a paso de llamas, prolifera y conquista hasta dictar nuevos cánones, calando las venas y lanzando la imaginación al espacio, donde sus grandes embudos lo mismo apartan, desgajan, sostienen o rehabilitan. Ya que su soberbio enrejado, distrae, aficiona o desconcierta y agota a cualquier pensamiento profundo, vuelve ciego, lejano y prolonga en el deletreo de un nombre la alucinación colectiva por la que abandonas y retomas más de una vez, pues sentir y comprender en la simpleza lo hace sublime.
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